GLADYS LAPORTE, LA ABUELA CUENTA-CUENTOS

24 de marzo de 2010 — CON MOTIVO DE LAS FIESTAS PATRONALES EN HOMENAJE AL BUEN JESUS DE PETARE, SE REALIZO UNA EXPOSICION EN EL MUSEO DE PETARE, BARBARO RIVAS, EN DONDE TUVO PARTICIPACION LA GRAN CUENTA CUENTOS Y PATRIMONIO CULTURAL DEL ESTADO MIRANDA, GLADYS LAPORTE. REALIZADO POR: EDUARDO HERNANDEZ P.N.I.: 5.909 MUNICIPIO SUCRE, ESTADO MIRANDA, VENEZUELA 03/2010

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jueves, 13 de mayo de 2010

LOS BURRITOS DE LA REINA


TRUFONA Y ALFAJOR
CUENTO DE GLADYS LAPORTE


En el pueblo de Guatire, hace ya muchísimos años, cuando aún había haciendas y conucos, vivía una niña llamada Casilda cuyos padres eran pobres, pero muy trabajadores. Tenían un par de burritos llamados Trufona y Alfajor; que le habían regalado los amigos cuando se casaron y con los que iban todos los sábados al mercado a vender los frutos y verduras que cosechaban.
Un año hubo una sequía tan fuerte que los cultivos se quemaron con el sol, el papá de Casilda se enfermó gravemente y el médico le recetó unas medicinas muy caras.
La mamá tuvo que vender los dos burritos para conseguir el dinero. Se los vendió a una señora que molía maíz para hacer la masa de las arepas. Casilda que amaba tanto a los animalitos lloró mucho, pero comprendía el terrible sacrificio que hacía su madre por la salud de su papá.
Como la casa de la molinera quedaba cerca de la de Casilda, ésta iba todas las tardes a ver a sus borriquillos y les decía:
-Soporten amigos, resistan este terrible trabajo por amor a mi querido padre que tanto los ama. Soporten con fortaleza de ánimo que cuando mi padre se mejore y vuelva a trabajar, los rescatará comprándolos de nuevo.-
Los borricos parecía que entendían lo que Casilda les decía porque cada vez que ella llegaba caminaban más de prisa.
A la molinera le gustaba que la niña se acercara a ver a los burritos, pues mientras más rápido se movían más se apuraba el molino y salía más masa para venderla en el pueblo y, así, se redoblaban sus ganancias. La molinera era muy rica, pero tenía un noble corazón y todos los días le regalaba a la niña una taza de masa y unos jojotos.
Un día que Casilda fue a visitar a los burritos se dio cuenta que a Trufona le había crecido mucho la barriga y pensó que su burrita estaba enferma.
Vinieron los aguaceros y Casilda no pudo ir más a ver a los burritos porque llovía fuertemente todas las tardes. Cuando escampó, la niña volvió al molino llevando un par de lazos rojos y unos tintineantes cascabeles para colocárselos a los burritos, pero cuando se acercó vio solo a Alfajor acompañado de otro burro moviendo el molino.
Casilda, asustada, pensó que algo malo le había ocurrido a la burrita. Fue a hablar con la molinera, que la atendió con mucha bondad y cariño. Era una negra rechoncha con la cara redonda como una luna, con un par de ojos color melado como el guarapo cuando esta en el trapiche para hacer el papelón y una boca de labios gruesos donde siempre resplandecía una sonrisa que le daba un aspecto gracioso y bonachón.
La molinera sonrió ante la angustia de Casilda y tomándola de la mano la llevó hasta el pesebre de los animales, ¡Y allí estaba su burrita Trufona! amamantando a un lindo borriquillo recién nacido.
Casilda lloró de alegría y le colocó los lazos y los cascabeles a Trufona y al pollino al que bautizó con el nombre de “Platero”.
La molinera le dijo:
- Casilda, se que tu padre está recuperándose y que sus siembras van a ser buenas este año. No te preocupes por tus burritos, que pronto los tendrás en tu casa.-
¡Y colorin colorao este cuento se ha acabao!

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