GLADYS LAPORTE, LA ABUELA CUENTA-CUENTOS

24 de marzo de 2010 — CON MOTIVO DE LAS FIESTAS PATRONALES EN HOMENAJE AL BUEN JESUS DE PETARE, SE REALIZO UNA EXPOSICION EN EL MUSEO DE PETARE, BARBARO RIVAS, EN DONDE TUVO PARTICIPACION LA GRAN CUENTA CUENTOS Y PATRIMONIO CULTURAL DEL ESTADO MIRANDA, GLADYS LAPORTE. REALIZADO POR: EDUARDO HERNANDEZ P.N.I.: 5.909 MUNICIPIO SUCRE, ESTADO MIRANDA, VENEZUELA 03/2010

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martes, 31 de marzo de 2015

1,- Mi papagayo  volantón alegría de mi corazón
Gladys Laporte
Estaba haciendo una brisa fuerte papagayera; de esas que hacen correr como ovejas perseguidas por el lobo  a las nubes.  Nosotros los muchachitos del barrio, siete en total, entre nueve y doce años de edad, estábamos de lo más entusiasmados afanados terminando nuestros papagayos para echarlos a volar al cielo; sentados en el piso de cemento de la gran casa de la abuela Toña. Una gran casa colonial venida a menos, que todavía  daba muestras de su antigua prestancia y señorío. La llamaban La Pollera porque allí aún se venden pollos, palomas, gallinas, patos, pavos y gallos de pelea, lo que otrora fue un negocio muy rentable, pero al morir el abuelo y ponerse vieja la abuela, se vino abajo nos fuimos comiendo las aves para subsistir y  apenas la abuela vendía los huevos y pichones de palomas, lo que nos salvaba eran las siembras de los campesinos arrendados, que nos pagaban con frutos del campo.
El cerro cercano mostraba su bizarra cabeza, de un airoso verdiazul con visos morados; en la alegre tarde de octubre alborotada por la risa festiva y la conversa animada de los carajitos; le afeaba un poco una peladura que cual calva de misionero franciscano, se mostraba humilde y avergonzada ante tanto verdor que la circundaba. Ese pelado se lo habían hecho los campesinos que vivían al otro lado de la barranca, bravos porque los terratenientes, les habían ido quitando sus tierritas poco a poco y los habían sumido en la miseria, como protesta por este hecho le prendieron candela al cerro y que para sembrar allí. Pero no contaron con el viento traidor, que amenazó con quemar toda la serranía.  El alcalde contrató a todos los hombres de la población para que fueran a  abrir cortafuegos con  todo lo que tuvieran a  mano; y vimos desfilar  hombres con picos, chícoras, hachas y escardillas. Gracias a Dios que lograron controlarlo y no pasó de un gran susto. El alcalde no dejó que los campesinos sembraran allí  y solo les ofreció que se vinieran  a vivir en un terreno baldío a las afueras del pueblo donde les daría madera y zinc, para que hicieran los ranchos y les daría como trabajo barrer las calles y podar los árboles de las  avenidas.
A todas éstas el viento seguía retozando, levantando el polvero en el patio y los  caminos aledaños a la casa; que se abrían en una enorme  doble  ye. Sé que por uno de esos senderos se fue mi madre, yo solo tenía  cuatro años, pero recuerdo muy bien, a la muchacha, vestida de rojo que me besó  fuerte en la mejilla, que todavía me ardía y me dio la bendición. Lo que no recuerdo bien es por cuál de ellos partió.
De repente y sin que nadie lo esperara, se desgajó un sorpresivo chaparrón. Con unos enormes goterones tan grandes y tristes como si una niña solitaria estuviera llorando, esperando a la madre que nunca vino a buscarla  y este aguacero apareció a quitarnos la alegría mojando los papagayos que teníamos tirados en el piso, rápidamente los recogimos y los llevamos al corredor de la casa, donde la abuela  había mandado a sacar una gran mesa para que pusiéramos a secar las cometas. Seguimos lentamente y sin mucho ánimo culminando nuestra labor. Así como llegó, así se fue el chubasco y volvió el viento y la  carrera de nubes y volvió a brillar el sol que reflejaba sus rayos en pocitos de oro  que se formaron en los huequitos del patio con el agua. Colocamos las colas y las atarrayas, porque la lucha iba a ser a muerte, el que cortara más hilos, y dejara los papagayos a la isla, sería el ganador. A mí personalmente no me gustaba jugar así. Cuando yo construía un papagayo  lo adoraba y quería que me durara para siempre; pero se había lanzado a la suerte y se dio la competencia y yo no me iba a rajar, tenía que asumirla con valor.
Al fin sacamos los papagayos y nos dimos cuenta que todos estaban adornados con nubecitas blancas, que habían hecho los goterones en la seda del papel, varios niños protestaron, pero a mí me gustaron las manchitas en el azul y rojo de mi volantín.
 A eso de las cuatro de  la tarde, mi papagayo cogió vuelo y yo corrí, corrí y corrí desaforada por esa sabana y la cometa  alta, alta, muy alta, casi tocando el cielo y bien lejos de los otros que se encontraban enredados con las atarrayas. Tanto corrí  y el viento era tan fuerte que creí que me elevaba por los aires, sentí que el corazón se me salía, no por la boca, sino por la coronilla, veía estrellitas de  todos los colores y tenía un dolor en la boca del estómago, al fin caí rendida al suelo, pero me volteé boca  arriba y seguía ajilando mi papagayo, que retozón y volantón se mantenía incólume. Estaba completamente sola y bien lejos de la casa y de los otros muchachos. Me sentía débil, pero comencé a respirar poco a poco, profundo y me fue  pasando el sofocón. El viento y  la cometa estaban rebuenos, a ratos se perdía entre las nubes y me di cuenta que mi papagayo llegó a las patas de la silla de papa Dios, quizás  hasta   le tocaría los pies y había logrado llevarse todas mis tristuras.
Cuando al fin pude levantarme y respirar tranquila, no bajé mi papagayo,  sino que me devolví agilándolo y al llegar cerca de la casa corté el hilo y lo dejé ir a la libertad, que cogiera camino, que se fuera lejos, yo tenía una alegría tan grande en el alma que no me cabía en el cuerpo y salía por mis encandeladas mejillas, hice el último esfuerzo y entré  corriendo a la cocina donde se encontraba mi abuela; que no salía de ella nunca, allí pasaba los días haciendo dulces y ricos potajes; en el fogón de leña que tanto le encantaba, creo que ella estaba  siempre allí porque podía llorar todo el tiempo y  nadie se daría cuenta. La abracé como loca, la apreté fuerte, agarré aquella carita llorosa por el humo y besé cada arruguita de su surcada frente; pero ella no lloraba por el humo, estaba sollozando de pena.
-Abuelita  ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras? le pregunté.
-Fue el viento mi amor, fue el viento que me trajo ingratos recuerdos, anda  a bañarte para que vengas a cenar, ya van a ser las seis de la tarde. Canelita, acompaña a  Margarita al jagüey para que se bañe y llévate el jabón azul y el estropajo, la restriegas bien, huele a zorro mojado y por lo que se ve caminó más que cochino  chiquito.
Ya en el jagúey  el agua estaba friíta y yo completamente desnuda bañándome y la criada Canelita restregándome, en una de esas se me ocurrió preguntarle:
_Canela. ¿Por qué lloraba mi abuela?
-No estoy segura, pero, esta tarde como a las cinco llegó Ramón el cartero y le trajo una carta a tu abuela y creo que eran malas noticias. Solo repetía llorando: pobre niña, pobre niña, pero no entendimos nada las que estábamos allí, Ña Toña  no soltó prenda.
Yo dormía en la misma alcoba de mi abuela, en una cama chiquita., colocada  al lado de la cama matrimonial; que parecía de museo, allí se murió el abuelo y  yo siempre lo veía ahí como quedó; tieso y con la boca y los ojos abiertos, espantoso, yo lo quería pero le tenía miedo, él siempre me sacaba el cuerpo y nunca quiso que comiera en la mesa  del comedor  junto a él. No sé qué misterio había conmigo.
Mi abuelita me mandaba a dormir a las nueve de la noche, pero ella se acostaba con Canelita  y Varsovia (eran las empleadas más antiguas de la casa, Canelita tenía unos cuarenta años  y Varsovia   como sesenta, la abuela ya rondaba los ochenta) a las doce de la noche  después de rezar el rosario. Esto era un sufrimiento para mí, solo me dormía cuando llegaba mi nana a acostarse, porque  tenía mucho miedo de ver el fantasma del abuelo a  la luz de la veladora, que alumbraba al Cristo que estaba en la pared sobre la cabecera de la cama de mi abuelita.
Una mañana como a las once, mi abuela le dijo a Canelita:
-Canela, vamos al río, para sacarle los piojos a esta niña, pues nos va a cundir a todas  y así aprovechan tú y las muchachas de lavarle el culo a  las ollas y calderos que ya dan vergüenza de lo negros que lo tienen.
Preparamos un picnic con muchas sabrosuras de las que hacía  mi nona, para pasar el mediodía en el río todo iba en potes de vidrio (aún no existía el plástico)  y ollitas de peltre, en una gran cesta que llevaban Matilia y Azucarita las dos ahijadas criadas de mi abuela, yo llevaba la bolsa con mi paño, el estropajo,  el jabón, el aceite de coco, el peinito de hierro para sacar las liendras y el polvojuán pa matar los piojos. Emprendimos la gira y en el camino nos conseguimos con  doña Claudia, la lavandera del pueblo, quien  era muy amiga de mi abuela y me tenía mucho cariño, era como una abuela más para mí, ella me abrazaba y me besaba con tanto amor y yo la quería mucho, me pasó la mano por la cabeza y enseguida le dijo a mi abuela:
-Ta linda la carajita doña  Toña. Qué dirían sus padres si la vieran. Mi abuela le hizo una seña para que se callara y le peló los ojos para que yo no me diera cuenta de lo que había dicho la nona Claudia, pero yo lo capté al instante,  no dije nada, pero  guardé esto en mi corazón, ya sabría qué hacer  con  eso.
Ya en el sitio nos pusimos las batolas de baño, y mi abuela se sentó en la gran piedra blanca a la orilla del río y metió mi cabellera; que me llegaba a la cintura dentro del agua y comenzó a echarme aceite de coco y polvojuán y a darme peine en esa cabeza, los piojos que caían en la piedra mi abuela los aplastaba con las uñas  y las liendras me las iba sacando una por una. Después que mi abuela me hubo despiojado, le dije:
-Ahora te toca  a ti
- ¿A mí? Dijo mi abuela riendo. Todavía no tengo piojos, ni Dios lo quiera
-Piojos no, pero si te voy a lavar esas arrugas llenas de hollín y raspillo de arepa, para limpiarte esa cara que tienes como el culo de las ollas, todo ese rayero negro. Mi abuela se acostó en la piedra y puso la cara para el lado del agua, yo agarré el  estropajo y un montoncito de arena fina, el jabón azul  y comencé a lavarle, arruga por arruga( como vi que  hacían las muchachas con las ollas)  a esa carita tierna y hermosa, que había sido blanca como una torta de casabe y redondita como la luna, uno por uno los surcos ennegrecidos iban quedando limpiecitos y rojitos en las manos de la nieta cosmetóloga, a ratos mi abuelita se quejaba
-¡No tan duro, que me arde! ¡ ayayay!
-No seas ñonga abuela. Ya vas a ver cómo va a quedar tu cara brillante, como el culo de las ollas limpias ja ja ja.
A las cuatro de la tarde mi abuelita tenía la cara roja como un camarón hervido y sele hinchó de una manera monstruosa, así paso cuatro semanas, pero después  le quedó esa cara lisita como nalga de carajito. Mi  abuela me consentía tanto, que como yo lloraba todos los días por lo que le había hecho. Ella me decía:
-No llores mi nietecita adorada, que tu lo hiciste con la mejor intención. Ya me mejoré y me dejaste jovencita otra vez,
-Bueno abuela ahora no te metas tanto en el fogón para que no se te vuelva a echar a perder. Ahora mi abuela jugaba más conmigo, hablaba y me contaba  cosas de mi mamá y de mi papá. Yo le preguntaba. Cómo eran y ella me decía:
Tu papá era marrón, alto y fuerte, tenía como dieciocho años  cuando  naciste y tu mamá, mi hija era bella, blanca como la nieve  y tenía alas en la espalda, era un angelote, por eso tú eres tan bonita. Pero la que sabía todo era  Ña Claudia, a esa era quien yo quería confesar, el día estaba lejos, porque ya venía su cumpleaños y ella lo celebraba a todo dar con mondongo, parrilla y cerveza para sus amigos y acostumbraba emborracharse y entonces lloraba y echaba para afuera todas sus penas, mi abuela decía que hablaba disparates. Yo estaba invitada y mi abuelita le preparó una torta y un quesillo de piña, al final no pudo ir porque  le dolían mucho las rodillas, pero me dio permiso de ir con Canelita.
Llegamos  a la casa de Ña Claudia, que resplandecía de limpia y el patio adornado con guirnaldas de flores de bellísima blancas y rosadas , en un rincón estaba la hombrería  y en la otra  el mujerío, los niños corrían en el patio. Cuando llegué  ya la señora estaba borracha, por allá dentro sonaba un arpa, que la estaban afinando y un cantador ensayaba el buche y las maracas. Pronto sonaría el joropo y se prendería la fiesta. Ña Claudia dijo que quedaban en su casa, coman y beban lo que quieran, me voy a recostar un ratico, me duéle la cabeza y me jaló por una mano para dentro del cuarto de ella. Canelita se quedó haciendo cebo, con el caporal de la  hacienda de los Risques y yo me le escabullí.
Ña Claudia me  hizo sentar a su lado en el gran catre que le servía de cama y me entregó en las manos un álbum de fotos. Diciéndome:
-No lo veas todavía, velo mañana o pasado mañana, escúchame atentamente, yo soy la mamá de tu papá, soy por lo tanto tu abuela paterna, tu mamá, Juanahilda, se escapó con mi hijo Tiburcio, y te tuvieron a ti, luego tu mamá quedó enferma y tu papá te trajo a mí para que te cuidara, pero yo no podía mantenerte y te entregué a tus abuelos para que te criaran, tu mamá vino a verte cuando cumpliste cuatro años y prometió venir a buscarte cuando estuviera mejor. Tu papá se la llevó al extranjero para curarle el mal que tenía en la espalda, que era una joroba de manteca muy grande que la iba matando poco a poco, la trataron de operar para quitársela  pero murió en la operación, la semana pasada tu papá se vino después de ocho años en el exterior y el avión en que venía se cayó al mar, así mi amor querido, mi nieta bella, es que eres huérfana de padre y madre, sólo nos tienes a tu abuelita toña y a mí. Aquí en esta caja está un dinero que estuve reuniendo  desde hace mucho tiempo para dártelo y ya llegó la hora. Tómalo y dáselo a tu abuelita, que te lo guarde para cuando estés más  grande, yo me siento muy mal y creo que esta va a ser mi última fiesta. Te he querido mucho, pero no podía ir a tu casa, por el viejo ese de Don Romualdo que no me quería ver ni en pintura, porque mi hijo le llevó ja, en vez de estar agradecido porque le hizo el favor a esa pobre muchacha tullida y entelerida que nadie se iba a casar con ella con esa petaca que tenía en el lomo. Ahora vete pa tu casa que me voy a acostar, me despide de ÑaToña-Mi querida Ña Claudia murió esa noche en pleno jolgorio y yo me sentía rica y complacida a mis trece  floridos años, no conocí a mis padres, por lo tanto no tenía ningún sentimiento de amor hacia ellos (nadie me lo inculcó) solo esperaba que me vinieran a buscar algún día. Estaba triste por la muerte de  mi abuela Claudia  pero muy contenta con el dinero que me dio, porque así podría ayudar a mi abuelita Toña, que ya se estaba quedando limpia. Ella mandó a llamar al notario e hizo el testamento, todo me lo dejó a mí, menos la casita y el huerto de las muchachas que se las dejó a ellas con la obligación de cuidarme hasta que yo fuera mayor de edad.

 Hoy es mi cumpleaños número quince y no estoy contenta, me está matando la tristura, hace seis días se murió mi abuela Toña, pero es octubre y hace un viento papagayero,  ya me voy a hacer un papagayo   volantón que se lleve mis tristuras y me alegre el corazón.GLADYS LAPORTE




CUENTO MALEVO.-

 2.-LA DUQUESA NO SE HA IDO, AÚN ESTÁ PENANDO
Por el ventanuco de mi cuarto; que aún se siente friolento, se ve una mañana esplendorosa, por entre las rejas solo alcanzo a ver el cielo azulito, las nubes rosadas y el sol dorando el paisaje; desde la cama acostada, si me  siento puedo ver las copas de los árboles y un trozo del edificio de al lado, y si me paro en la ventana alcanzo a ver el  “Jeque”, la hermosa montaña de Zulbataria, en su extensión por estos lados, pero, ¡Qué va! no me pararé  tengo mucha flojera   ¡Gracias Señor, por esta hermosura de tu creación! A veces pienso que no soy digna de contemplar tanta belleza. ¡He sido tan mala! El apartamento donde vivo es  chiquito, pero cómodo, tiene tres habitaciones, recibo- comedor, un balcón lleno de plantas y pájaros, su cocina y un baño. Siempre lo he considerado mi palacio, me sirve de estudio para escribir y pintar. En él he gozado y he sufrido, pero tengo un corazón agradecido y la vida que me ha tocado no ha logrado amargarme, siento una gran alegría en mi corazón, le gané a mi madre y a mi abuela, he logrado vivir más que ellas.  Aún la cama está calentita y mi frazada rellena con algodón, no quiere despegarse de mi cuerpo, que hoy, por  extraña  coincidencia amaneció sin el menor atisbo de dolor ¡Hoy es  4 de noviembre, mi cumpleaños número 78! Por  maña vieja me toco las manos que tanto me duelen y me jorungo  con presión los nudillos y nada. ¡Qué maravilla! ¡No me duelen!  Estirándome como una gata, arrimo mi pie izquierdo; aún bajo la cobija y me toco la rodilla derecha, nada,  no duele nada. Siempre recuerdo aquel chiste  del doctor que le dice al paciente:
-El día que amanezcas  que no te duele nada es porque estás muerto. Pero yo no lo estoy ¡Gracias  a Dios estoy vivita  y coleando! solo me estiraré otro ratico y me levantaré. Tengo mucho que  hacer, ya van a llegar los muchachos y  prometí hacer un arroz con pollo para celebrar, ellos traerán la torta. Mis seis hijos tan bellos y buenos, lo único bueno que tuve en la vida.
Vienen a mi mente encontrados pensamientos, ¿Por qué tengo que recordar a Estefanía y Humberto, si ya los había borrado de mi memoria. Tiemblo nada más de pensar, que me hubiera sucedido si el día que llegó la Policía a anunciarme la muerte de mi esposo y de su amante, me hubieran llevado presa, porque yo de  bocona hubiera dicho: ¡yo los maté! Sí recuerdo muy bien aquel  trece de febrero cuando mi esposo, me  dijo:
-Hazme un asado negro para comerlo con unos amigos, que vamos a ir a Río Negro a pescar.
-Si van a pescar  comerán pescado, creo yo.
-Tú siempre con tus impertinencias estúpidas, dime si me vas a hacer el asado o no. ¡Qué pasa si nos da la gana de comer carne, es que acaso un pescador no puede comer carne ah! Me dio tanta rabia  que no le iba a preparar nada, pero vi mi oportunidad de vengar tantos y tantos años de malos tratos. Insultos y groserías. Ya estaba harta, saqué la carne  y comencé a  abrirle huecos a cuchilladas, pero no era a la carne, era al corazón de mi esposo que le clavaba el cuchillo, en cada agujero metía ajos, trozos de zanahoria y de aceitunas y alcaparras.de repente mi mirada  fue llevada por el demonio hacia el frasco de matarratas en pastillas que estaban debajo del fregadero  y ni corta  ni perezosa lo abrí y comencé como enloquecida  a meter pastillas por los agujeros de la carne. Intuía que no iba  a ir a pescar con ningunos amigos, sabía que iba a celebrar el día de los enamorados con Estefanía, su última adquisición.

No sé cómo me encuentro en el jardín de la residencia para ancianos donde me depositaron, porque nadie puede cuidarme. De pronto veo a  Humberto que está podando mi mata de gardenias y las flores más hermosas se las está ofreciendo a Estefanía, quien me mira de frente y me dice: Nos matamos  fue en un choque en el carro aquí estaremos penando los tres hasta que Cristo vuelva a juzgar a los vivos y a los muertos, porque si  es verdad que tu intentaste matarnos, nosotros los intentamos primero, te acuerdas de las morideras que te daban, pues era el veneno que tu esposo te administraba todos los días, para que de una vez te murieras y nos dejaras en paz. Gladys Laporte

lunes, 30 de marzo de 2015

La felicidad es un camino.- y tenemos que caminarlo todos los días.es una meta que no alcanzaremos nunca en esta tierra.- la felicidad son ratos que disfrutamos y si los guardamos en la memoria y emn el corazon,lo recordamos con amor podemos considerarnos felices.-Opino que eser feliz es un don que nos da Dios, es cierto, pero es para que lo trabajemos, no para que lo enterremos, la felicidad no se busca está dentro de una misma, con eso se nace, pero hay que mantenerla activa. A pesar de  todos los avatares de la vida. No  caigamos y  nos quedemos  en el suelo allí  en la depresión o en el desaliento. Hay que contar con alguien que nos de la mano y nos ayude a levantarnos, ese ser supremo, amigo, confiable, no es otro que Dios, pero él nos proporciona seres en la tierra que nos brindan esa oportunidad de colaborar en el mantenimiento de esa  felicidad, de ahí la necesidad de contar un padre,  una  madre, un abuelo, un tío, una madrina  en fin una persona amiga que nos ame. En mi caso fue mi abuela quien me inculcó este convencimiento: Hija mía nadie te va a hacer feliz, tienes que lograrlo tu solita con la ayuda de Dios, si haces lo que él diga y  te sometes a su santa voluntad, por más fracasos, penas angustias, decepciones, que tengas en la vida, saldrás  de ellas y volverás a levantarte, todo lo puedes en Cristo que te  fortalece, saber que todo lo que nos pasa nos viene para bien, decía: No hay mal que por bien no venga, porque detrás de un aparente mal hay una gran dicha posteriormente. Nadie sabe  por qué situaciones pasa el otro, por eso no debemos juzgar a nadie, si nos piden un consejo darlo, pero sin inmiscuirnos en la vida ajena, no somos  nadie para opinar o decidir en la vida de otros, así sean nuestros propios hijos. Solo tenemos una sola vida y ésa sola debemos vivir. Lo mejor que podemos hacer es pedir a Dios por esa persona que está sufriendo y que no puede salir de una situación negativa. No debemos criticarla  y si queremos ayudarla, pongámonos sus  zapatosy caminemospor los cam,inos que éloella han andado.-
AHORA TENGO OTRO CORREO:  marquesadeltotumo@yahoo.com.ve


DOSSIER DE EXPOSICIONES REALIZADAS:


GLADYS LAPORTE

1.- Inauguración de la Colectiva “Los Tejedores de Sueños” Museo de Arte de Maracay.17.02.1991.
2.- Exposición “Los Tejedores de Sueños” Sala de la UNELLEZ del Estado Portuguesa .Cuatricentenario de la Ciudad de Guanare. 03.11 de 1991.
3.- Exposición Colectiva “Los Tejedores de Sueños” Galería “Luís Guevara” Estado Carabobo. Enero de 1992
4.-  Casas de La Cultura de: Carúpano.
5.- Y Cumaná      De Marzo a Abril 1992.-
6.- Casanay.  De Julio 12 a Agosto 31 de 1992
7.- Exp. Colect. “Los Tejedores de Sueños” 17.09 1992 al 30.09.1992.
8.- Exposición Colectiva  “Los Tejedores de Sueños” Instituto de la Cultura de Monagas. Maturín. Edo. Monagas 10.10.92 al 30.11.92.
9.- Exp. Colect.”Los Tejedores de Sueños” Casa de la Cultura“Juvenal Ravelo” Caripito. Estado Monagas. Del 10. 12. 92 al 31. 12. 92.
10.- Exp Colect. “Los Tejedores de Sueños” Sala de Arte del Sur. Ciudad Guayana Edo. Bolívar. Del 22.01.93 al 15.02. 93.
11.- Aniversario de la Ciudad Guarenas. Museo Antonio María Piñate.         13.02.93 al 13. 03.93.
12.- Exp Colect.”Los Tejedores de Sueños” Ateneo de Calabozo.Estado Guárico. 07.05.93 al 30.05.93.
13.- Exp. Colect. “Los Tejedores de Sueños” Universidad Rómulo Gallegos. Edo Guárico Del 17.05.93 al 15. 06. 93.
14.- Colec. “Los Tejedores de Sueños”. Casa de La Mujer. Ateneo de La Victoria Edo. Aragua 24.06.93.
15.-  Colect. “Los tejedores de Sueños” Galería de Arte Luís Guevara. Valencia. Edo. Carabobo. 14. 10. 93.
16.-  “Los tejedores de Sueños”Casa de La Cultura Santa Cruz de Aragua. Edo.Aragua 10.09.93.
17.- Fiestas de La Copacabana. Museo Piñate. Guarenas Dic 21. 1993.
18.- Aniversario de Guarenas 14.02.1994 a 15. 03.1994.
19.- Fiestas de La Copacabana. Galería Fundamor. Guarenas Nov a Dic 1994.
20.-  Fundación Cultural Pedro Luna. Guarenas en Navidad. Diciembre de        1994.





21.-  Aniversario de Guarenas. Museo Piñate. 13.02.95. 09 03.95.
22.-  Fiestas de La Copacabana Patrona de Guarenas. 21.11.95 a 13. 12.95.
23.- “Los Tejedores de Sueños” Casa de la Cultura de Puerto La Cruz. Edo. Anzoátegui. 19.11.95 al  28.11.95.
24.- Exposición Individual de Gladys Laporte “Mis vivencias” Fundación de Pintores Adultos Mayores (en proyecto) Las Terrazas .Guarenas. Edo. Miranda. 01.12.95 a 30.12.95.
 25 .- “Los Tejedores de Sueños”  Ateneo de Los Teques. Sala Simón Bolívar. del 20.11.95  al 12.12.95.
26.- Fiestas de la Copacabana. Galería Fundamor. Guarenas. Dic 1995.
27.- Aniversario de la Ciudad de Guarenas. del 11.02.96 al  03.03.96
28 .- Salón de Arte Popular de la Fuerza Aérea Venezolana. Lobby del Hotel Eurobuilding. Caracas. Dtto. Federal. Del 19.0696 al 25.07.96
29.- V Bienal de Pintura Popular Bárbaro Rivas. Museo Colonial Petare. Edo. Miranda Del 16.05.96 al 30.0796.
30.- Aniversario de BANAP. Galería de Arte Banco Nacional de Ahorro y Préstamo BANAP. Maracay Edo. Aragua.16.08 1996 al 01.09.1996.        
31.- Universidad Bicentenaria de Aragua. San Joaquín de Turmero. 20 09.l996.
32.- 33.- 34.- 35.- 36.- 37.- 38.- 39.- 40.-41.- De los años 97  al 2001. Exposiciones En Las fiestas de La Copacabana y en el Aniversario de la Ciudad de Guarenas.
42.- Bolívar en la Expresión Plástica de la Región. Sala 1 del Museo Piñate.Guarenas. Edo. Miranda. Fundamor. 24.07.2001.
43. Guarenas en la Campaña de Carabobo. 15 y 16 de junio de 2001-
44.-45.-46.- 47.-48 Del 2001 al 2004. Fiestas de la Copacabana y Aniversario de Guarenas. Galería Fundamor. Guarenas. Edo Miranda
49.- Exposición Pictórica en Homenaje al San Pedro de Guarenas Junio 2004.Galería Fundamor. Guarenas. Edo. Miranda.
50. 51. 52.-53.- 2004 - 2005 Fiestas de la Copacabana y Aniversario de Guarenas. Galería Fundamor. Edo Miranda
54.- Exposición Museo Escolar. Pintores Mirandinos. Dedicada a la artista plástica Gladys Laporte. EBB.”Ricardo Montilla” 31.01.2006. Guarenas Edo. Miranda.
55.- Exposición Individual. Muestra de Dramaturgia Armando Urbina. Biblioteca Pública. “Tito Cardozo” Septiembre 2006.
56.- y 57. Fiestas de la Copacabana y Aniversario de Guarenas 2006 y 2007. Galería Fundamor. Edo Miranda.





58.- Exposición Colectiva de Artistas Plásticos Ofrenda de Amor. En Homenaje a las Madres. Sala de Exposiciones I de la Casa de la Cultura Antonio María Piñate. Guarenas. Edo. Miranda. 11.06.2007.
59.- Museo de Los Teques. Exposición de Pintura Popular. Año 2007.
60.- Fiesta de La Copacabana.21-11-2007.
61.- Aniversario de la Fundación de Guarenas. 14.02.2008.
62.- Museo de Los Teques Exposición de Pintura Popular. Año 2008
63.- Exposición  Individual.”Mis Vivencias” Casa de La Cultura Guarenas                                                             26.09.2008.
64.-Exposición Individual: “Mis Vivencias” Biblioteca Pública Don Luis y Misia Virginia de Guatire. 06.10.2010  a 06.11.2010
65.-Exposición “Imaginando al Niño Jesús de Petare”. Museo de Arte Popular de Petare Bárbaro Rivas. 2010
66.- Exposición Individual: Mis Vivencias en La Casa de La Cultura Cecilio Acosta de los Teques.25 noviembre 2010 a 25 enero2011.-
67.- Exposición de Mujeres Pintoras en la Red de Arte. Caracas. Abril-mayo.2012.-
68.-Exposición simultánea en el Museo de Arte Popular Bárbaro Rivas de Petare.2014.Entre Viajes, Vivencias y Armonías Gladys ,Edgar y Vidalia.

                                               GLADYS LAPORTE DE VILLEGAS
                           ABUELA CUENTA CUENTOS DE GUARENAS
                                            MARQUESA DEL TOTUMO








Cuentizcos  chiquitizcos
1.- Todo sobre la solidez de la soledad.
La soledad es la edad del sol, mientras estás al sol casi ni se siente ¡Ay, pero cuando  cae el sol! Mejor  diríamos ¡La solitud total!
Cada vez que me tropiezo con un caracol  cachicorneto,( quedó así ; con un solo cachito; por una pelea que tuvo con  un gallo; cuando el caracolito trataba de  enamorar  a  una linda pollita del  solar) También me acuerdo de la  rana boquineta y me dan ganas de reír por el uno y me da tristeza por la otra. Resulta que el caracol, estaba solidificado  por la intensa soledad que  lo abrumaba y quiso solazarse  (no asarse al sol) con una hermosa ranita que se bañaba en el estanque, quien se encontraba más solaz aún que el solidificado caracol. Ella muy frondosa  y toda verdecita, cantaba y croaba por su linda y soslayada boca torcidita, aún con  ese defectito sin embargo salía en su croar un hermoso pitico, que ninguna otra rana tenía, muchas de sus amigas ranas la criticaban porque:
¿Cómo se le ocurría cantar tan alegre y afinadita, poseyendo tamaño defectito?-decían. Yo creo que tenían envidia de la ranita, porque todas las demás cantaban  igualito y ella no, ella se distinguía por aquel sonoro pitico. Bueno el caso es que por este motivo, circunstancia y razón  siempre se encontraba solita en aquella solana, porque sus amigas y hermanas la soslayaban. Perennemente por, arrimarse al sol que más calienta,  allí siempre estaba el caracolito que  no la dejaba ni a sol ni a sombra, deleitándose con su dulce cantar de solera y su interpretación de solista. Este caracolito, solo daba vueltas y vueltas alrededor de la rotonda de la fuente, solo para escuchar el dulce croar de la ranita; estaba enamorado de ella, por eso estaba escuchimizadito, no comía ni bebía  casi, no tenía fuerza para regar su hilito de plata, se encontraba en la solitud total. La rana lo veía y a veces quería hablarle y agradecerle que fuera su emocionado y solitario escucha, pero  creo que su timidez y su complejo de ser diferente no la dejaban; tenía miedo  de hacer amigos porque  pensaban que la iban a rechazar, por eso es que me da risa: el caracolito, constantemente persiguiendo un amor que no puede ser pero avispado e intentando  una y otra vez sin cansarse ni vencerse y la ranita me da tristeza porque no lucha por salir de su condición, no deja el temor y cada vez  se encuentra más sola. A mí personalmente la soledad me gusta por un ratico, cuando quiero orar, pensar, escribir o pintar. Pero de resto me gusta estar acompañada sobre todo me gusta que me escuche bastante gente cuando me pongo a contar cuentos y espero que me aplaudan y que alguno de  ellos logre cambiar de parecer al oírme  narrar.
Gladys Laporte.-

2.-Aventuras y desventuras de una  parrandera de los años sesenta

Soy una muchacha de barrio tan normal, más normal que el común ; diría yo, porque a muchas les gusta es que la lleven a una discoteca fina, toda oscura y llena de humo de no se sabe que yerba rara, a la hora de ir a divertirme  prefiero una fiesta en  una casa en el cerro, en una salita chiquita, donde la cortina del cuarto contiguo se te enrede en la cara y contribuye a la caricia que te da el ventilador eléctrico;  que refresca a la criatura que duerme inquieto en una cama debajo de un poco de chaquetas y suéteres. Me encantaba bailar porros y cumbias de la Billo’s y de Los Melódicos, apretujada con la gente sudorosa; a quienes se les escapa la vida por los poros;  un viernes por la noche, después de  haber pasado el día y la tarde en la fábrica y no tuvo tiempo de ir a bañarse pues segundos que perdiera en llegar a su casa  le aflojan el cuerpo para volver a salir, pero no hay que perderse un buen bonche chévere  con bastantes muchachas y muchachos, con caña, cerveza, anís, y Coca Cola, rumba,  tambor y pasapalos  de pan con diablito,  tequeños, alitas de pollo fritas  y bollitos aliñados. Nací proletaria. Allí se siente  natural, no hay poses, si se tomaban fotos salían tan atestadas de gente que no te distinguías,  solo me fastidiaba el humo de los cigarros que algunos fumaban aunque favorecía aquel ambiente soporífero, que compone lo que se llama una máquina sensible al amor y al rascabucheo. Me  encantaba este tipo de fiestas y mis amigas no querían comprender, que me gustaba más ir a una fiesta vestida de jeans, una camisa abierta y un par de zapatos de goma, peinada con una simple cola de caballo; que colocarme esa especie de tutú de organza que me picaba en la cintura y esos zapatos puntiagudos y de tacón altísimo que me hacían  dormir los dedos de los pies y el empeine  y después pasaba tres días con el dolor. Peinada con  ese moño tieso de laca, de seis bolívares, que me abrumaba con su peso la cabeza. Me encantaba el carnaval y me he disfrazado de todo en esta vida, desde  niña holandesa, hasta reina de belleza y aunque no lo crean a los sesenta y cinco años de edad me gané  el concurso de ser reina de la tercera edad y me pasearon en carroza por todos mis amados cerros de Guarenas. Me gustaban las fiestas familiares y las de los clubes pero sinceramente no hay como una comparsa de negritas en la plaza de Capuchinos en Caracas, allí hasta le agarraban las nalgas a una, pero una se la buscaba y había que tomarlo con humor. Todavía recuerdo con horror una vez que se me ocurrió disfrazarme de torera de luces y me puse a escondidas el traje de mi tío, pero como era tan delgadito, yo no cabía, me puse totalmente desnuda y me pude colocar el traje, dicen que mi cuerpo era bello, estilizado, y aquel  traje me sentaba de maravillas, pues me fui al baile a casa de unas amigas  “decentes” y estuve bailando con todos los muchachos y las mujeres envidiosas corrieron “la bola” que yo era un hombre, pues esta hombrería como seis me arrinconaron y me llevaron al baño y me querían desnudar para ver si era verdad que era mujer y tuve que quitarme la  careta y lloré de rabia ante aquellos ridículos jovenzuelos, por eso me gustaban más la fiestas de los cerros y de la plaza de Capuchinos; allí si la gente era decente de verdad, una que otra agarraíta ,pero era parte de la  diversión. Tengo una anécdota muy buena de una fiesta del cerro. Era yo maestra en la escuela del barrio y la madre de un alumno muy querido me nombró madrina de su hijito recién nacido, el padrino era un muchacho del barrio amigo del papá del bebé. Para esa época yo tenía diecisiete años y había conquistado a un joven de la “jai” andaba loquito por mí y hacía todo lo que yo le decía. Bueno como era mi novio lo invité para la fiesta  y el caso en que estábamos a la puerta de la iglesia esperando que salieran unos bautizos y al padrino que no llegaba. El cura salió y nos dijo que tenía que cerrar la iglesia porque ya era muy tarde y el bautizo quedaría para el próximo domingo, si no, había la posibilidad de un padrino por poder, mi compadre dijo que si, si podía ser mi novio y el cura aceptó, pero él no sabía que era mi novio, antes no permitían que novios fueran padrinos. El caso es que bautizamos al muchachito, pero en las tarjetas aparecía el nombre del verdadero padrino. Empezó la fiesta y gozamos un puyero, pero como a las doce de la noche llegó el verdadero padrino borracho con un machete en la mano, diciendo que le iba a cortar la cabeza al hombre que le había robado su ahijado y  ¡chassss chasss! peinillaba todo aquel suelo de cemento. La comadre, nos metió a mi novio y a mí debajo de la cama de matrimonio, muertos del miedo y yo con los nervios lo que hacía era reírme del susto de mi blanco y pálido amor y me oriné. Allí estuvimos hasta las seis de la mañana en que lograron llevar al compadre para su casa para que pasara “la pea” y nosotros nos pudimos ir. Mi novio me aborreció   ja ja ja y yo perdí la maña de estar invitando gente para mis fiestas.
GLADYS LAPORTE

3.-.- De Cómo fue que un cohete me quemó el arbolito de navidad.
La vegetación es muy importante y nos brinda el aire que respiramos, por eso es importante que la cuidemos con amor, que visitemos los sitios sembrados y le agradezcamos  a Dios,  a la naturaleza y a todos aquellos que siembran, el poder gozar de  tan hermosa creación.
Los muchachos del barrio solíamos subir al cerro detrás  de mi casa a disfrutar de un día de aventura cerril. Llevábamos sombreros,  botas, cachuchas,  sanguches y agua en botellas, algunos llevaban machetes, cuchillos y había un  muchacho al que llamábamos “el chingo” Soto,( así llamado porque tenía la nariz muy pequeña para el tamaño de su cara) quien siempre nos sorprendía con un instrumento musical nuevo el cual interpretaba  de maravilla, esa vez llevó una flauta y nos deleitó con música peruana, era todo un artista, pero él tenía un problema que le gustaba cazar pájaros y por eso se llevaba a escondidas de  nosotros una china (honda o resortera) lo vivíamos regañando para que no hiciera eso, pero era como una necesidad que él tenía, pues era un taxidermista en potencia, también disecaba mariposas y las montaba en cuadros muy bonitos. A mí me encantaba ir con ellos sobre todo en los últimos días de  noviembre; a buscar una rama seca para adornarla como arbolito de navidad  (yo era la única mujer). Nunca habíamos pasado peligros serios, veíamos lapas, a veces uno que otro venado y un gato salvaje que vimos una vez, las serpientes que habían eran las llamadas viejitas, que si uno se les acercaba mucho le tiraban un cuerazo por las piernas, pero las corríamos con un palo, porque nos perseguían un largo trecho y corríamos hasta que se perdían en el monte, no las matábamos, porque un muchacho: Heriberto Ocampo “el beato”, quien era monaguillo de la parroquia  nos decía que todos los seres creados por Dios merecían la vida. Constantemente en los paseos conseguíamos cosas nuevas: una navaja herrumbrosa dejada por algún cazador descuidado, piedras hermosas de colores y ambarinas, árboles frutales insólitos como un Caimito, al que se subió Julio “berrenchín” y nos zumbó todos los caimitos que tenía la mata. Nos los comimos y a todos nos dolió la barriga por la tarde, ya que nos atapuzamos de esa pulpa rosada y refrescante. Yo me encontré una vez una cuchara de acero con un agujero en la parte superior del mango y más abajo tenía incrustada una medalla  de Santa Teresita del Niño Jesús, la usé por muchos años para comer en mi casa, hasta que se me perdió en el tiempo. Juan “Cararú” estaba pendiente de conseguirme una bonita rama, pero yo llevaba la idea de conseguir una vara de cocuiza que tiene forma de arbolito y al fin allá en pincorita o el pináculo del cerro, lucía esplendoroso mi “pinito”. Juan Cararú era el más grande y con un mecate, enrolló la vara y entre todos la halamos hasta llevarla al suelo, cuando Juan Cararú, le tiró el machetazo, se lo pegó por la cabeza; cortándosela en seco a una serpiente de coral que estaba enrollada en la macoya de la mata. El beato reconoció la serpiente en el acto y nos recomendó que corriéramos lo más rápido que pudiéramos, porque ese podía ser un nido y a lo mejor había más culebras. Entre todos  rodamos la vara de inflorescencia de la mata y la arrastramos cerro abajo, en el camino se le cayeron todas las flores y quedó peladito, pero todavía conservaba su forma de esqueleto de pino. Al llegar a mi casa lo lavamos y lo secamos y luego le colocamos la instalación de bombillitos azules, que yo había logrado cambiar los de otros colores a las familias del barrio; luego los muchachos me ayudaron a envolver todas las ramas en algodón, después le coloqué todas las bolitas que eran de cristal azul, lo enterramos en una lata de manteca  con yeso líquido el que al endurecerse lo dejó muy firme y al encenderlo ¡Oh que preciosidad! Nadie había visto algo igual antes. Todos los vecinos vinieron a ver mi arbolito azul y me lanzaban muchos elogios y yo les daba el crédito a los muchachos que me habían ayudado. El veinticuatro de diciembre salí a parrandear con mis alumnos, que habíamos formado un grupo de aguinaldos y a las doce vine a mi casa a cenar, mis familiares se acostaron a dormir y yo me quedé sentada en la sala contemplando mi arbolito, de repente un ¡suissss   y pummmm!, era un cohete que entró por la ventana abierta y le dio fin a tanta belleza, eso agarró candela rapidito, solo pude gritar a mi familia  ¡fuego, fuego! y varios se levantaron a ayudarme a apagar la candela, yo rápidamente me subí en un mueble y quité los tapones del medidor de la luz, porque ya los cables habían agarrado fuego. Toda la instalación eléctrica de mi casa se quemó y como era viernes tuvimos que estar a oscuras hasta el veintisiete que vino un electricista  a arreglar lo descompuesto. El arbolito más caro y miedoso de mi vida. Muchos años después me contaron que él que estaba en esa navidad zumbando cohetes y no sabía  era “el Chingo Soto”
GLADYS LAPORTE.-

DE CÓMO LA CALANDRIA PRESA LOGRÓ SU ANSIADA LIBERTAD.
No conozco una calandria, jamás he visto una  ni en fotos; porque no sale ni en el pequeño Larousse ; la noticia que tengo de ella es la de la canción mejicana,  que habla de una calandria presa en una jaula de oro pendiente de un balcón, pero me pareció  bonito hacerle un cuento a la Calandria y al Cucarachero que  a éste si lo conozco y me encanta, porque es basto para cantar come cucarachas y es pendejo como  yo;  siempre creyendo en pajaritos preñaos y soñando que alguien puede  cambiar con el amor que le brindemos. Pues el caso es que el Cucarachero, siempre venía a limpiarle el techo a los Sotillo, que eran la familia más rica del pueblo y lo podemos demostrar  porque eran dueños de  la única bodega de víveres, aparejos de montar caballo, de pescar  en río y de labrantío, además eran dueños de la finca El Sotillo, que abarcaba más de la mitad  del pueblo de Sotillo donde vivían todos los habitantes del lugar, quienes eran pagados con bonos y compraban con bonos. Todos los habitantes menos tres, mi papá, mi mamá y yo y éramos los únicos privilegiados del lugar porque no éramos explotados por el viejo Randulfo Sotillo. Disfrutábamos de un conuquito, un gallinero, una vaca,  un burro, un caballito brioso,  una casa de bahareque bien fuerte y bien bonita  y un pedacito de río que corría al revés de la corriente de la Sotillo y por lo tanto no nos las podían quitar. A mi papá si le pagaban con rial de verdad, porque era el único talabartero, el que le arreglaba y hacía los aperos a las monturas, a los burros, a los bueyes y las correas de los hombres, y hasta la correa del barbero y las vainas de los  machetes y de los revólveres. Mi papá  se daba el lujo de comprar y pagar con monedas, no con vales de papel;  yo era muy chica aún pero mi papá me iba enseñando los secretos de su oficio y me decía: aprende para que no seas esclava  ni asalariada de nadie. Siempre que mi papá iba a cobrar y a comprar yo iba con él y me entretenía corriendo por el corredor que bordeaba la casa. Una vez  vi por una ventana abierta a una jovencita  como de catorce años, sentada en un gran sillón con una jaula abierta en las piernas. Nos miramos las dos y ella me sonrió y me invitó a pasar al salón solitario donde estaba. Ni corta ni perezosa, entré corriendo a la casa y me senté al lado de la  niña; quién me dijo que se llamaba Marcelina y me contó su historia y la de la jaula vacía. Y es así. La muchacha tenía diecisiete años pero como era pálida y delgadita parecía menor y hacía tres años que se había fugado con su novio un muchacho campesino de la  zona y como su papá mandó a hombres que salieran tras ellos, les depararon y mataron al novio y a ella la hirieron en la espalda y la dejaron paralítica. Entonces le pregunté  por la jaula  que era lo que había llamado mi atención y me dijo,  que ella tenía allí una calandria que le había traído su madrina de Europa pero que ella y un cucarachero se enamoraron perdidamente. Ella estaba muy emocionada con esos amores porque le recordaba su propia historia. Y la madrugada que se escapó, abrió la  jaula para que se fuera con él cucarachero que la vigilaba desde un rincón en el techo. Los dos huyeron felices pero la calandria no pudo alzar el vuelo, porque nunca había volado y la joven  pudo observar horrorizada como su gato de angora  le arrancó la cabeza y entonces el cucarachero bajó a pelear con el gato y lo picó en el ojo derecho. Pero el gato también le arrancó la cabeza y me contó con tristeza:- A veces viene a visitarme el condenao gato tuerto.-
GLADYS LAPORTE.



GUARENAS-GUATIREREGIONALES 02/12/2012 4:45 pm

Gladys Laporte tiene las mejores historias para navidad

 Se trata de la La abuela cuenta cuentos de Guarenas. 35 años de narrativa han cautivado la imaginación de los más pequeños
Como un pasatiempo, inició Gladys Laporte esta larga y soñadora labor, en la que no puede faltar la imaginación de los más pequeños, donde 35 años de historias llenas aventuras la convirtieron en patrimonio cultural del estado Miranda, como ella se autodenomina la Marquesa del totumo.
La abuela cuenta cuentos de Guarenas, inició sus interesantes historias cuando sólo tenia siete años, las que se fueron condimentando con la llegada de sus hijos, pues desde entonces dejaba volar su imaginación para apaciguarlas travesuras de ellos, donde sus historias eran el complemento perfecto de las tardes.
Esta caraqueña de nacimiento, pero guarenera por adopción destaca que su camino por el mundo de la narración inició luego de jubilarse, pues aprovechaba los momentos libres para contar sus historias a los niños de la escuela Ricardo Montilla, en Guarenas, a través de ellos las maestras de la institución la invitaban a los demás colegios donde los chamos quedaban emocionados por sus maravillosas historias.
Entre risas destaca que lleva dos generaciones contando las mejores historias que llegan a su mente, y enseñando a leer, la abuela cuenta cuentos comentó que su mayor alegría es llevar historias llenas de diversión e importantes enseñanzas a niños y niñas.
Otro de los talentos de la abuela cuenta cuentos de Guarenas, es la pintura, pues entre risas destaca que ha asistido a 70 exposiciones, cinco de ellas individuales y el resto colectivas.
Aprovechó la oportunidad para invitar a los más pequeños a acercarse a la lectura pues a través de esta tendrán la oportunidad de abrir su mente y el conocimiento, donde la libertad de pensamiento les dará la capacidad de ser libres.
Hasta la fecha esta abuela guarenera, destaca que ha tenido la oportunidad de llevar sus historias por todo el país, a excepción de Barinas y Cojedes, comentó sentirse orgullosa el reconocimiento que el estado Miranda le ha dado a su labor narrativa.
Gladys no dejó de invitara las personas a visitar su página en facebook donde encontrarán fotografías de sus historias así como sus vivencias, también dio a conocer su correo electrónico, a través del que se pueden comunicar con la abuela cuenta cuentos de Guarenas

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